martes, 24 de julio de 2012

Un Ecosistema de Pinturas


Hoy compré mis cosas para tomar mate en el chino, a la vuelta del taller. Fue un día tranquilo, aunque rompí el atril de madera. Bueno, seguramente lo pueda encolar. Eso y traer los clavos para que se deje de mover. De paso podría arreglar también el de campaña de madera, así tendría 3 atriles.

Decía que fue un día tranquilo, pero me costó arrancar. Andaba dudando desde anoche "¿ Para qué pinto?" y cosas por el estilo. Y llegué medio tarde, no fui a comprar las telas para el díptico. Un día de mierda parecía. Pero en cuanto llegué le arreglé los bordes a una telita, una mancha de unos puentes cruzados. Le di un gris celestón que le quedó lindo. Y no compré las telas pero me traje dos chiquititas que tenía en casa.  Hace un rato las manché un poco, una textura de fondo. Las voy a trabajar con los blocs, eligiendo algo de algún dibujo.  Pero lo importante de hoy fue otra cosa. Hoy le arreglé los bordes a las dos telas que los tenían sin pintar. Y a las tres de la serie de los collages les di la capa de gris de la pátina. Así que mañana las agarro a las tres  con las veladuras, llevándolas a lo oscuro, y después las empiezo a levantar. Esto no es facil, hay que animarse a hacerlo, destruir algo que venía quedando lindo.


Da miedo eso de la pátina, porque parece que se pierde todo lo que venía más o menos bien, o que por lo menos había un trabajo ahí. Lo que pasa es que cuando el acrílico está fresco no se ve nada, pero cuando se seca se alcanza a distinguir todo, todo lo que se perdió a simple vista se puede recuperar si uno mira con atención. Lo importante es eso, seguir pintando mirando con atención.


También retomé la tela grande, la de los amarillos que había empezado con el episcopio. A esa también le arreglé los bordes. Estuve improvisando un poco para despejarme de la serie. Es lindo jugar en una tela así. Fue raro como la agarré. Me había tirado en el sofá a escuchar música, las telas estaban secándose. Y me colgué mirándolo hasta que me entraron ganas de pintar. Y ahí vi lo que es un taller. Acá todo invita al trabajo , no se puede estar sin hacer nada. Porque cuando creo que no estoy haciendo nada me descubro mirando una tela empezada y viendo como seguirla. Y el mal humor del principio no es más que un síntoma de no haber estado pintando. Claro, después del primer día de la semana dedicada a la pintura (vacaciones de invierno)  tuve un bajón, salieron todas las dudas que tenía guardadas. Antes estaba tan en la duda misma que ni siquiera la veía. Arranqué a pintar y lo primero que encontré fue la duda. En el taller eso se va purgando solo. No es como antes. Sin taller esos estados pueden durar semanas , meses, hay a quien le duran toda una vida. Sin taller hay dos opciones. Una es hacer un esfuerzo y pintar igual, la otra es esperar a que el bajón se transforme sólo en ganas de pintar. Bueno, con el taller eso se terminó. Es como que el taller es un ecosistema en el cual los cuadros se reproducen. Y uno va apacentándolos, cuidándolos, les da de comer, los baña, les corta el pelo, les habla...


1 comentario:

  1. Me gusto eso de tratar la pintura en proceso como lo hace una señora con sus plantas, y es tal cual, porque le estamos dando vida.

    Saludos!!

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